
En la Costa Central, un residente de más de 70 años obtuvo la ciudadanía con el objetivo de solicitar la residencia para su esposa, quien también tiene más de 70 años y lleva más de dos décadas sin poder visitar a su familia en México. Otra residente de la región, también en su tercera edad, compartió la emoción de convertirse en ciudadana y prestar juramento el mismo día, destacando el impacto personal de alcanzar este importante logro.
Héctor Zamaniego, de 69 años, y su esposa Stella Rodríguez, de 73, residentes de Salinas, tienen muchas razones para celebrar. Recientemente, Stella recibió su tarjeta de residencia gracias a que su esposo hizo la petición correspondiente, después de obtener su ciudadanía tras más de cuatro décadas como residente legal.
“Después de tantos años como residente, decidí hacerme ciudadano para poder hacer la aplicación para mi esposa. Poquito más de dos meses después, ella recibió su mica. Lo hice para obtener todos los beneficios del gobierno, sentirnos más seguros, más felices. Con todos los problemas que se están viendo con las deportaciones, estar así es mejor.”
Stella Rodríguez Sánchez expresó que los años sin documentos legales le generaban mucho estrés y ansiedad:
“Después de varios años de estar sin papeles, me atacaban los nervios. Me sentía muy insegura, enferma, temerosa… no podía ni salir. Hoy me siento más tranquila, gracias a Dios. Para mí es una gran satisfacción.”
Stella y Héctor habían vivido juntos por más de 20 años y decidieron casarse hace dos. Ahora, con sus trámites migratorios en orden, dicen sentirse más protegidos y con más libertad para vivir tranquilos.
Blanca Zarazúa, abogada de inmigración que apoyó el proceso, destacó el valor del compromiso de Héctor:
“El señor se hizo ciudadano, hizo ese acto de amor y, gracias a eso, él pudo presentar la petición por su esposa. Él figuró como peticionario y ella como beneficiaria. Es un derecho poderoso que otorga mucha estabilidad.”
Úrsula Lara, de 70 años, también celebró recientemente su nuevo estatus como ciudadana. Tras siete años como residente legal, decidió dar el paso y presentó su examen de ciudadanía, el cual aprobó. Para su sorpresa, fue juramentada como ciudadana ese mismo día, apenas una hora después del examen.
“Me encanta este país, sus costumbres, y quería hacerme ciudadana para tener aún más motivos para querer a este país que me ha tratado bien. Estaba muy nerviosa porque mi inglés no es muy fluido y a mi edad es difícil memorizar tantas preguntas. Pero el oficial fue tan amable, tan gentil, que me hizo sentir cómoda. Me sorprendió que todo fuera tan rápido.”
Úrsula recordó con emoción el momento en que recibió su certificado de ciudadanía:
“Fui la única que sacó mi banderita, grité, aplaudí… y después los demás me siguieron. Me siento feliz, tranquila, y ahora con la libertad de poder visitar a mi familia fuera de Estados Unidos, sin miedo y con la seguridad de regresar.”

