
En el vecindario de Bolsa Knolls, ubicado a las afueras de Salinas, los residentes enfrentan una realidad preocupante cada vez que llega la lluvia. El río Little Bear Creek, que corre justo detrás de las viviendas, se desborda con facilidad, causando estragos en las casas y calles de la zona. Para muchos, la lluvia no solo significa una inconveniencia; es una amenaza constante a su seguridad y bienestar.
Ramón Maciel, residente de Bolsa Knolls, nos comparte su experiencia: “No fui a trabajar porque estuvo lloviendo toda la noche. En esta área siempre nos inundamos. Tenemos que prepararnos y estar atentos.” Su casa, que se encuentra a orillas del río Bear Creek, ha sido afectada varias veces por el agua que entra en su hogar cuando el río no recibe el mantenimiento adecuado. Durante las lluvias, las calles y viviendas del vecindario se ven rápidamente inundadas.
Maciel recuerda con preocupación lo sucedido el 13 de febrero, cuando el agua del arroyo subió hasta las puertas de su casa, “Desde el arroyo hasta aquí, todo se inundó. Ponemos bombas para tratar de desaguar, pero ahora el agua entra directamente a la casa”, dice. Afortunadamente, Maciel y su familia no tienen alfombra en su hogar, lo que minimiza el daño. Sin embargo, la incertidumbre y el miedo siguen siendo constantes.
A pesar de que el Condado de Monterey y la Ciudad de Salinas proporcionan arena y bolsas de arena para los residentes, estos recursos no son suficientes para mitigar el impacto de las lluvias. El supervisor del condado, Glenn Church, reconoce que el mantenimiento del río es esencial. Sin embargo, el problema radica en las estrictas regulaciones ambientales que impiden realizar las tareas de limpieza necesarias. “Limpiar el arroyo podría violar las leyes que protegen las especies, lo que conlleva multas de hasta 50,000 dólares y un año en prisión”, explica Church. Esto hace que obtener los permisos necesarios sea una tarea compleja y lenta, y por ahora, las soluciones parecen limitadas.
El efecto de las lluvias no solo se limita a los residentes urbanos. La agricultura en la región también se ve afectada por las lluvias intensas. María Catalán, una pequeña agricultora de la zona, explica: “El clima nos afecta mucho. Los cultivos se retrasan y nuestra cosecha se ve afectada. Este año no ha sido tan malo, pero en 2023 sufrimos una inundación tremenda, que obligó a varias familias a desalojar.”
Catalán señala que la tierra aún está demasiado mojada para sembrar, lo que retrasa el ciclo de cultivo. “El tractor está trabajando para sacar el agua, pero no podemos plantar aún. Mis trabajadores son como familia para mí, y estamos todos juntos esperando que el clima nos dé un respiro”, dice con frustración.
Mientras tanto, los trabajadores agrícolas de la región continúan monitoreando las condiciones climáticas, temiendo que la situación empeore con cada nueva lluvia. La seguridad en el vecindario y la viabilidad de las cosechas dependen de una mejora en el manejo de las aguas y el mantenimiento de los arroyos locales.

