
Durante casi cuatro décadas, la Casa del Migrante en Tijuana ha proporcionado refugio a miles de personas con historias diversas, pero compartiendo la misma necesidad de abrigo. Lo que comenzó como un espacio para hombres migrantes de paso, ahora es un referente de asistencia humanitaria en la frontera norte de México, observando de cerca los cambios en la migración regional.
Hoy, ante nuevas políticas migratorias y restricciones en el asilo, la Casa del Migrante celebra 39 años de dedicación ininterrumpida, enfrentando una realidad distinta a la de sus inicios.
Cuatro décadas de apoyo a migrantes
Desde su creación, la Casa del Migrante ha brindado refugio, comida y apoyo moral a casi medio millón de personas de México, Centroamérica, Sudamérica y otras regiones.
Con el paso del tiempo, el albergue se ha adaptado a los cambiantes flujos migratorios, tal como menciona Raúl Ochoa, director de la institución, recordando los primeros años de operación.
Al principio, atendíamos a unos 200 individuos, cuando la capacidad total era de 240 o 250 hombres. Con el tiempo, debido a las caravanas, comenzaron a llegar familias completas.
La evolución de la frontera y el albergue
La Casa del Migrante ha sido testigo de eventos críticos en la frontera, desde deportaciones masivas hasta crisis humanitarias y cambios en las políticas migratorias de EE. UU.
Con la llegada de familias completas en épocas de alta movilidad, el albergue tuvo que modificar sus instalaciones y programas para responder a las nuevas necesidades.
Menos migrantes, nuevas necesidades
Hoy en día, las estrictas políticas migratorias han reducido notablemente la llegada de personas en tránsito. Por eso, la Casa del Migrante ha vuelto a enfocarse en atender a hombres migrantes, según explica Ochoa.
Ante los cambios en los flujos migratorios, dejamos de recibir familias completas y nos adaptamos nuevamente a atender a la población masculina.
Comparado con el pasado, cuando el albergue operaba casi a su capacidad máxima, ahora acoge entre 30 y 40 personas.
Historias más allá del refugio
Entre los miles de visitantes de la Casa del Migrante se encuentra Silvia Martínez, quien, tras llegar a Tijuana con sus hijos con la esperanza de ingresar a EE. UU. mediante el programa CBP One, ha decidido establecerse en la ciudad. Ahora, Silvia colabora como voluntaria en la cocina del albergue.
Me es muy gratificante poder servir y apoyar a la gente.
Además de alojamiento, la Casa del Migrante ha expandido sus servicios para apoyar a las familias en Tijuana, ofreciendo alimentos, apoyo comunitario y cuidado infantil.
Un símbolo de esperanza en la frontera
A 39 años de su creación, la Casa del Migrante continúa adaptándose a los cambios constantes en la frontera. A pesar de que los flujos migratorios han disminuido y los retos son diferentes, su misión sigue intacta: ofrecer apoyo a quienes más lo necesitan.
Fuente original: Noticias San Diego
Por Claudia Orozco
29 May, 2026

